RELATO BREVE

Cuentos de Navidad

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"De Madrid al Cielo" decimos los castizos, y el Cielo, agradecido, en Navidad (¡Dad, dad, dad!) desciende a nuestras calles iluminando paseos, parques y jardines, mercados y mercadillos...

 

La luz invade nuestros hogares y apartamos, por unos días, el mal genio. Madrid, ciudad generosa donde las haya, en Navidad (¡Dad, dad, dad!) se engalana con su mantón más colorido, dibujando en nuestras caras una sonrisa de oreja a oreja.

 

¡FELIZ NAVIDRID, QUERIDOS LECTORES!

Últimos publicados

MANJAR DE DRÍADES

 

Presentado al concurso de ZENDALIBROS.COM #AmoresDeVerano

 

Tras una agotadora mañana de juegos y travesuras, los dos amigos descansaron junto al manantial de las luciérnagas. Se acomodaron bajo la copa de un manzano y rieron recordando la broma gastada a los gnomos pocas horas antes. Con frecuencia, acudían al río y escondían los diminutos vestidos de los enanos mientras éstos nadaban despreocupados. Posteriormente, esperaban tumbados entre los arbustos para verlos correr desnudos y malhumorados por la ribera.

 

Contemplando las nubes, se durmieron con el cantar del viento:

 

La noche se abrió ante ellos
acunándolos entre luceros.
Bajaron fugaces los astros
para robar sus cabellos:

 

Hebras de nácar
del hada bella,
marfil hilado
del corcel blanco.

 

La joven ninfa despertó sobresaltada con el fulgor de las primeras estrellas.

 

– ¡Hoy es la noche! –gritó zarandeando a su acompañante– ¡Despierta gandul, es la noche del Solsticio, y no quiero perdérmela!

 

Él unicornio, somnoliento, levantó los cascos señalando las ramas del árbol que los cobijaba. Ella se apresuró a buscar piedras entre los helechos. Los dos primeros lanzamientos resultaron fallidos. Era su última oportunidad.

 

–Esta vez no fallaré –susurró la ninfa.

 

Alzó la vista, respiró hondo, aguardó unos segundos, lanzó y descolgó la manzana de una pedrada. Acto seguido, entregó el fruto a su montura. El unicornio bufó contrariado.

 

–Hicimos un trato, amigo mío; tus golosinas a cambio de las mías –dijo ella sonriendo ufana.

 

Resignado, el fabuloso animal galopó hacia la arboleda exigiendo silencio a la amazona. Próximos a su destino, se arrastraron cautelosos sobre la hojarasca y, apocado él, boquiabierta ella, presenciaron escondidos la celebración de un aquelarre. Una hoguera de dimensiones infernales presidía el espectáculo. La fiesta para celebrar la llegada del verano se prolongó durante horas pero, finalmente, las hermosas hechiceras, embriagadas por sus pócimas ancestrales, abandonaron la pradera.

 

Extinguido el fuego, la ninfa salió de su escondite jalando con vehemencia de las crines de su amigo. Las cenizas revoloteaban sobre las pavesas recreando bajo la luna las frenéticas danzas de las brujas. El corcel se resistía a caminar y miraba desconfiado hacia la senda que se perdía en la oscuridad del bosque. Vencido por la testarudez de la ninfa, escarbó entre los tizones de la hoguera separando las ascuas más resplandecientes. La pequeña dríade se agachó y, excitada, recogió con las manos el fuego que no quema. Seleccionó las piezas más atractivas y, cerrando los ojos, saboreó con deleite las dulces brasas de la juventud eterna.

JAULA DE GRILLOS

Presentado al concurso de ZENDALIBROS.COM #historiasporlaigualdad

 

Levantó la copa en silencio, ceremoniosamente, deleitándose con los reflejos que las caricias de Selene provocaban en las burbujas.

—¡Gracias, amiga! —dijo satisfecha ante las cepas pobladas de refulgentes uvas.

Doña Vendimia Parra Garnacha, descendiente de bodegueros ilustres, brindó con la luna celebrando un nuevo galardón otorgado a sus caldos.

Mi tío, capataz de la hacienda de Doña Vendimia, me contó que la Señora, siendo muy joven, huyó a Francia seducida por un tratante de vinos que tenía más gracejo que solera. Su audacia truncó definitivamente el denuedo paterno para enderezar la vida de su única hija. La díscola Vendimia puso tierra de por medio para evitar su ingreso inminente en las filas de la Sección Femenina a las órdenes directas de la Condesa del Castillo de la Mota. Aprovechando el viaje a Medina del Campo para iniciar el preceptivo Servicio Social promovido por el Movimiento, Doña Vendimia burló la vigilancia de su madre y, emulando a Juana I de Castilla quinientos años antes, se echó en brazos de su amante borgoñón.

Lejos de las asfixiantes obligaciones familiares y sociales de la España franquista, la joven Vendimia, tras una corta estancia en París, enriqueció sus conocimientos vinícolas y satisfizo sus anhelos de libertad e igualdad en los coloridos campos de la Borgoña.

Fallecido el patriarca, regresó a su tierra natal al heredar las bodegas centenarias que fundaron sus antepasados. Cruzó la frontera con el marchamo de “subversiva” flotando sobre su pequeña mochila. Traía más cautela que equipaje, pero sus temores estaban sobredimensionados. Tras diecisiete años de ausencia, se reencontró con una España ansiosa de cambios y un prometedor futuro. No obstante, no faltaron los paisanos avinagrados con ánimo de aguarle la fiesta.

Las autoridades locales recibieron a la hija pródiga sin ocultar sus recelos hacia los liberales aires europeos encarnados en ella. Temerosas de dar cobijo a una usurpadora, escudriñaron sin recato todos sus movimientos. Sus poco ortodoxas prácticas viticultoras sembraron desasosiego en la comarca. Indomable, Doña Vendimia, por el puro placer de incomodar a antiguos prebostes del Consejo Regulador, renunció voluntariamente al uso de la Denominación de Origen durante años. Fruto de una voluntad inquebrantable, sobrevivió al aislamiento al que fue sometida por otros influyentes viticultores. Con el paso de los años, la Señora fue ganándose la confianza de propios y extraños y, actualmente, es una de las defensoras más acérrimas de la denominación de origen vinícola más antigua de España.

A riesgo de parecer exagerado (o poco objetivo), diré que sus propuestas innovadoras han dejado en sus vinos un inconfundible bouquet femenino…, perdón —siempre me olvido—, mi admirada Vendimia prefiere definirlo como “impronta femenina”.

Mi vocación por la enología fue temprana, y se afianzó en aquel fértil campo riojano al que mis progenitores me enviaban todos los años por vacaciones después de los nueve meses del internado.

—Es por tu salud, hijo —repetían, indolentes, mis padres (q.e.p.d.), año tras año.

En mis estivales escapadas nocturnas, no tardé en descubrir que, algunas noches de madrugada, ajena a cotilleos y conspiraciones, Doña Vendimia recorría desnuda sus viñedos dejándose querer por los viejos troncos retorcidos y seduciendo a los majuelos.

Aquella noche, a pesar de mis precauciones, la Señora me sorprendió agazapado entre las viñas. Justifiqué mi presencia mostrando, muy sonrojado, una jaula de grillos. Ella sonrió ocultando sus labios tras el gollete de un crianza del 82, etiquetado ERNEST (en honor a Hemingway a quien Doña Vendimia conoció en los años cincuenta durante una visita del escritor a los calados riojanos). El aura de bon vivant que rodeaba a Ernest alentó en la bella y adolescente Vendimia su carácter rebelde y aventurero.

Verano tras verano, fui consolidando mis conocimientos enológicos y literarios tutelado por Doña Vendimia y, gracias a ella, me he convertido en un sumiller de prestigio y un apasionado literato.

Permítanme que me reserve, por deferencia hacia mi generosa anfitriona y mi comprensivo tío, algunos detalles de sus clases magistrales.

Por el momento, les contaré que mi azarosa niñez dio paso a una venturosa mocedad iluminada por el aroma del vino, el sabor del primer beso, y el suave tacto de la luna.

 

 

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

 

AULA MUNDI

 

MENCIÓN HONORÍFICA Concurso Relato Breve CLUB DE ESCRITURA FUENTETAJA 2014  

 

 

El profesor Vargas escribe un poema sentado en la escalinata de la Biblioteca Pública de Nueva York. A su espalda reposan Patience y Fortitude, los dos leones custodios del majestuoso edificio. 140 años apenas han mermado las melenas de los dos colosos de mármol. El profesor sonríe y atusa su escasa y cana cabellera.

 

 

Son las 6 a.m. Héctor Vargas (87 años, Premio Nobel de Medicina del año 2030, Neurólogo y Profesor Emérito de la Universidad de Beijing) comienza su jornada docente. Escribe a lápiz, sin prisas, cuidando la caligrafía, deleitándose con el roce del grafito sobre el papel de su ajada Moleskine. Finalizado el último verso, acaricia satisfecho el contorno hexagonal de su Faber Castell 2B; una cotizada reliquia, obsequio de un antiguo alumno español. El acre aroma a grafito, madera y laca, y el logotipo dorado sobre el verde intenso del lapicero avivan los recuerdos del anciano científico. Suspira nostálgico mientras guarda los arcaicos útiles de escritura en el bolsillo interior de su chaqueta. Consulta el reloj y abre su portafolio. Revuelve entre sus enseres y coge un estrecho tubo metálico de aproximadamente 250 x 30 mm. El interior del tubo contiene un Roller 2.0, un sofisticado ordenador portátil extraordinariamente flexible y ligero. Vargas desenrolla el ordenador. El Roller 2.0 (297 x 210 x 1 mm) queda adherido al maletín de cuero. El profesor teclea su contraseña:

 

 

U-N-I-V-E-R-S-I-T-A-S

 

 

El acceso al campus virtual de la Universidad de Beijing es inmediato.

 

 

Fecha: 9 Junio, 2051

UNIVERSIDAD DE BEIJING

Hora: 07.00 a.m. (New York - EEUU) / 19.OO p.m. (Beijing – CHINA)

 

 

Videoconferencia: ARTE, CIENCIA, Y ESPERANZA (Jornada 3) Ponente: Héctor Vargas

 

 

USUARIOS CONECTADOS: 5.324.561

UNIVERSIDADES EN LÍNEA: 115

TRADUCCIÓN SIMULTÁNEA: 18 IDIOMAS

 

 

Vargas acciona la videocámara, integrada en su Roller 2.0, y comienza su clase magistral recitando a su cosmopolita audiencia los últimos versos escritos en su Moleskine:

 

 

ESPERANZA

 

 

Una mañana,

cesaron los truenos y,

en el haz de una hoja,

el rocío escribió unos versos.

 

CORAZÓN DE TRAPO

Presentado al concurso HISTORIAS DE FAMILIA del CLUB DE ESCRITURA FUENTETAJA 

 

Le faltaba el aire. Salió al descansillo sin hacer ruido y corrió escaleras abajo. Oyó los gritos de su madre desde el tercer piso y apresuró la huida a comisaría. Sintió la mirada cobarde de los vecinos a su espalda.

El comisario ordenó que un coche patrulla la llevase de vuelta a casa.

–No son horas para que una niñita ande sola por la calle –dijo el comisario mientras le revolvía los cabellos y guiñaba el ojo a dos agentes.

Su papá solía calmarse en presencia de la policía y su mamá dejaba de llorar. Aquella noche, llegaron demasiado tarde. El vecindario se apiñaba frente al portal. La policía hizo sonar la sirena y los dos agentes bajaron apresuradamente del coche abriéndose paso entre el gentío. A duras penas, mi amiga pudo seguirlos. Volvía a faltarle el aire. El vecino del ático trató de detenerla pero ella se zafó con rabia y consiguió verla.  Su mamá yacía sobre los adoquines, con el cráneo destrozado. Horrorizada, me dejó caer sobre un reguero de sangre.

Se perdió por el bulevar sin más amparo que las caricias de sus lágrimas. Quise ir a besarla pero no soy más que una muñeca de trapo.

INFRAMUNDO

Presentado al Concurso de ZENDA LIBROS #DiadelosMuertos 2017

 

La anciana recitaba una extraña letanía en lengua náhuatl cuando dos policías federales de la Ciudad de México la encontraron agazapada entre once cuerpos degollados y perfectamente alineados sobre el arcén de la solitaria carretera que conduce a Cueva Cincalco en el Bosque de Chapultepec. Junto a los cadáveres había siete coches vacíos. Los vehículos, aparcados en la cuneta con las puertas abiertas y los faros encendidos, semejaban una fantasmal caravana funeraria. Los agentes abrigaron a la anciana con una manta y, llevándola en volandas, la sentaron en los asientos traseros del coche patrulla. Se esforzaron por consolarla y le sirvieron un café. La mujer aceptó el ofrecimiento acercando temblorosamente el vaso de papel a sus labios. Apenas dio unos sorbos, dejó caer el vaso sobre sus rodillas emitiendo unos alaridos aterradores al tiempo que ocultaba su rostro entre las manos. Ambos policías saltaron despavoridos sobre sus asientos al escuchar los gritos. El funcionario más joven, impostando la voz para disimular el miedo, pidió refuerzos al Centro de Control de la Gendarmería. A los pocos minutos, una densa bruma comenzó a cubrir el capó del vehículo. El agente más veterano y de mayor rango ordenó a su compañero activar el bloqueo interior de las puertas del coche. Tras conectar el mecanismo, los policías apuraron el remanente de café del termo situado sobre el salpicadero y, conmocionados, esperaron nuevas órdenes mientras custodiaban el escenario de aquella masacre.

Cuando por fin llegaron los efectivos policiales y sanitarios solicitados, trece cadáveres yacían sobre el asfalto junto a ocho coches vacíos y, entre ellos, una anciana recitaba una extraña letanía.

 

YAYOS

 

Presentado al Concurso de ZENDA LIBROS #DíadeMuertos 2018

 

Nunca supe presumir de abuelos. Mi yayo acaparaba, a escondidas y obsesivamente, mendrugos de pan duro con semillas de hambre y miedo. La yaya tenía un genio de mil demonios. Sin embargo, siempre los quise. A él por compartir conmigo, con su lengua de trapo, sus escasos recuerdos; a ella por su mirada clara, por su cariño, y por cuidar al yayo. 

Él adoraba el futbol y me enseñó a despejar el balón de "zamorana". Mientras me hablaba de Zamora el Divino, mi abuela envidiaba a Luis el Pirata, histórico futbolista de Veracruz, que regresó a México al estallar la guerra civil española. ¡Ay, la guerra! Mi abuelo perdió el habla y la cordura en aquellos infernales años de nuestra historia. Ella abandonó sus sueños. 

El yayo era un niño viejo acurrucado en las faldas de mi agridulce y paciente abuela. Cuando ella murió, sus hijos se lo ocultaron. Fue en vano.

La yaya, ajena a su propio velatorio, se lo contó a su esposo esa misma noche, sentada en su lecho, mientras extraía del bolso panecillos tiernos y tabaco negro.

 

PIEL DE GALLINA

Pulsa este enlace para leer mi relato.

 

PRÓLOGO 
Charca Literaria es un espacio virtual que generó relaciones reales. Relaciones que dieron lugar a esta edición, un libro que presenta veinticinco relatos con una frase inicial en común y que da nombre al conjunto. Apagué la luz pretende adentrar al lector en un recorrido caprichoso y, así, optar por un paseo a través de las calles de una ciudad misteriosa, recuperar un recuerdo, padecer el miedo a lo sobrenatural o escapar del crimen. Propone también la posibilidad de amar lo inesperado, viajar por países desconocidos o simplemente mirar por la ventana de una rutinaria casa de pueblo; o, quizá, perseguir a un criminal o detenerse a admirar la pintura de un museo; escuchar las hojas que danzan en la oscuridad de la noche u ojear un libro en blanco al mismo tiempo que se espanta al perro verde parado ante la vitrina de un anticuario; puede, también, sorprenderse ante una nena abandonada en plena calle porteña. 
Es en la oscuridad de Apagué la luz donde puede aparecer un destripador, alcanzamos a ver la silueta de un amor que se fue o sufrir el recuerdo de las palabras de quien decide ya no estar. Porque es en esa oscuridad donde las sombras ocultan rostros grotescos, o nos llevan a rememorar un faro en la distancia que permite el tiempo; el mismo tiempo que nos acerca a los bellos cuentos que escuchamos en boca de nuestros ancianos. El objetivo de estos veinticinco escritores ha sido el de mostrar lo que somos capaces de hacer surgir cuando aparecen las tinieblas; cumplimos con el reto de apagar la luz y dejar libre nuestra imaginación para que llegue, sin temores, a lugares imprevistos. El lector, a partir de este momento, deberá encender la suya y atrapar las historias que se escaparon de su escondite para ser contadas con una sola condición: cumplir con la frase inicial que despertó diversas creaciones, cada una con su sentir, con su esencia y con la idiosincrasia personalísima que identifica a cada autor. Somos un puñado de desconocidos unidos en el espacio virtual. Un puñado de amantes de las palabras que sintieron la necesidad de continuar juntos y lograr este trabajo que queremos presentarles. Somos amigos a pesar de la distancia que hace que mientras unos apagan la luz en un continente, otros la encienden al otro lado del mundo. Somos escritores noveles y entusiastas motivados por la ilusión de hacer una obra con la que nos sintamos identificados. 
Apagué la Luz es, en definitiva, un reflejo de la realidad y de la diversidad humana interpretada por la imaginación de veinticinco soñadores que, con la libertad de la creación, pudimos unirnos en un sentimiento genuino: el de la hermandad, el respeto por las historias y el pensamiento de cada uno. Los dejamos a las puertas de nuestro primer sueño conjunto. Por nuestra parte, seguiremos peleando con nuestros molinos de viento, que soplan palabras sin distancia. 

ÍNDICE DE LOS RELATOS DE LOS ACTUALES MIEMBROS DE CHARCA LITERARIA:
  
Caja de sorpresas  Alba Eva Gómez Querves
Elixir Almudena Villalba Organero
Un perro verde Felipe Grisolía
Siempre, siempre Francisca Huamaní
Muñecas Haydée Guzmán
¿Cómo estás? Lau Valdez
El faro Liliana Ebner
Sonata imposible para viola y chelo en la menor Manuel Martínez
El libro Netty del Valle
Si no fuera por la luna Núria Burguillos
Piel  de gallina. Víctor Salgado